En muchas de las tertulias de emigrantes Campeones del Mundo que tuve la suerte de compartir en la terraza de casa en Sidney, un tema recurrente eran las carreteras Australianas. El que más y el que menos, tuvo la suerte de disfrutar, con poco que te alejaras de las grandes (y no tan grandes) urbes, de las pobres infraestructuras que un país con 20 millones de habitantes, se podía permitir. Claro, que si ponemos en perspectiva que Australia es uno de los pocos países en el mundo que no debe un dollar (Ozy) a nadie, la cosa es peor. O no.
Hoy he tenido la experiencia de disfrutar de unas horas de conducción a través de preciosos viñedos manchegos (muy alienados) y molinos de viento destartalados (menos alienados). Y he sido uno de los únicos que lo he disfrutado. Y como la música de la gallina turuleca me da que pensar, reflexionaba en como, los años de supuesta bonanza economica, nos permitimos celebrar la construcción de una via solo transitada por camiones de labranza y turistas despistados (como yo) que tienen la suerte de viajar desde Toledo a la costa mediterranea y quieren ahorrarse 10 km de un total de 400 (según Google maps). Si eso lo comparamos con 2 hospitales, 5 parques (con columpios de los buenos), un colegio, dos bibliotecas y semáforos de los que pitan al ponerse verde, resulta un tanto excesivo gastarse ese dinero (582 millones de EUR) en una autopista para que los toledanos (98.000 para ser exactos) vayan 1 vez al año a la playa (los que no vayan a Cadiz, claro).
O mejor dicho. Gastarse el dinero que no se tiene. Y eso me da que pensar. ¿Merece la pena gastarse el dinero que no se tiene en cosas que ni necesitamos, ni nos podemos permitir y, que ni siquiera, tenemos recursos para mantener? ¿o por lo contrario es mejor conducir un poco mas en ese viaje ocasional y tener una sanidad eficiente?
Yo la verdad lo tengo claro. Al final nos salimos de la autopista y fuimos viendo pueblitos de boina y portadas. E Isabel llego a ver un asno manchego. Sin Sanchopanza, claro.

Me encanta!
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