En la era de los Autocad (lease Rotting para los de los 70, y tiralíneas para los de los 60) , nunca llegue a pensar de la importancia en nuestras vidas y las de los que nos rodean , del dichoso Libro de Familia. Ese documento que certifica que los que aparecen en la foto son sangre de sangre y que los parecidos no son pura coincidencia. Da igual que hoy en dia puedas echar un escupitajo en una maquinita y te diga si los churumbeles que tienes colgados de la pernera del pantalon son en realidad los futuros herederos de tus deudas. O que tengas fotos cortandoles los cordones umbilicales estilo cazador en Serengeti. Sin el libro de familia, no eres mas que un impostor.
Y eso me he dado cuenta de forma traumática en mis primeros contactos con la burocracia del déficit.
No es que no tenga un libro de familia. Que lo tengo. Es que no se en cual de las 250 cajas del contenedor esta. Y no lo se, porque para ser sincero, cuando el consulado de España en Sidney me lo dio, nunca pensé que un documento con enmaquetado del régimen franquista, fuese a serme de gran utilidad. Que equivocado estaba!
Un libro de familia es el unico documento que certifica que tus hijos son tus hijos. Y que tu mujer es tu mujer. Vamos , que una partida de nacimiento y un certificado de matrimonio no vale para nada ("es que esta en ingles, Señor"). Es como si los papeles de coche no le fueran suficientes al Guardia Civil que te para en La Roda (miguelitos, que ricos) , sino que hay que enseñarle una foto en la que sales claramente visible, sin gorra ni gafas de sol, haciendo trompos en un motocine abandonado, con expresión de felicidad y donde se vea el cariño que te une a tu Ford Kuga. Y que el guardia se lo crea claro.
Lo único que puedo decir es que ya no voy a visitar mas oficinas publicas persiguiendo derechos que tengo y que no llegare nunca a disfrutar. Y que , como el que tiene un tío en Alcala, me haré a la idea de que los 1000 EUR que pago de impuestos al mes, estarán esperandome para cuando encuentre el dichoso libro azul con la foto de mis criaturas. Claro, que a lo mejor para entonces, ya tienen ellos el suyo propio.

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